marzo 20, 2011




Por Elena Valero Narváez

El gobierno radical de Catamarca duró 25 años en el poder. La política del gobernador, como la de otros caudillos provinciales que se eternizaron en el gobierno, sostuvo regimenes basados en ideas socialistas y nacionalistas.
Como bien dijo Karl Popper, el Sócrates del siglo XX, “el mundo está gobernado por las ideas”.
Los hombres somos instrumentos de lo que pensamos. Ideas que chocan con la realidad no han permitido progresar a la Argentina como debiera, a pesar de las condiciones favorables que el mundo le ofrece.
La elección de Catamarca muestra una sociedad en un 80 % dependiente del Estado. La gente esta en manos del gobernador o del gobierno municipal. La mayoría son trabajadores estatales y el campo no tiene- como sucede en la provincia de Buenos Aires- influencia política. Tampoco tienen industrias importantes. La esperanza de los catamarqueños es estar bien con el gobierno nacional porque de él dependen. No les importa el color político de sus gobernantes.
De cualquier manera el análisis que se haga sobre el resultado de las elecciones en Catamarca tiene escasa importancia para pronosticar el futuro político de la actual presidente.
Se puede decir que Cristina Kirchner ganó la elección presidencial gracias a que le dieron su voto pueblos dependientes del campo. No parece posible que hoy cuente con su adhesión. En las grandes ciudades tuvo resultados desfavorables.
Si observamos el pasado reciente de la Argentina solo podríamos aventurar, con respecto de las próximas elecciones, que el sufragio dependerá de la coyuntura política y económica del momento.
Es muy difícil intentar predecir en la Argentina: ¿Quién diría, por ejemplo, que la intención de voto a Cristina Kirchner aumentó por la muerte de su marido? No hizo nada para merecerlo.
Otro ejemplo que muestra como piensa la gente es el caso del vice-presidente Cobos. Por un voto favorable al sector agropecuario, y por la simpatía que este hecho despertó en la ciudadanía, es candidato a la presidencia.
De un día para el otro, en nuestro país, puede cambiar drásticamente la situación.
Los alemanes si aumenta el índice de inflación no votan a quien conduce el gobierno. No se olvidan del sufrimiento que este flagelo les impuso aunque hayan transcurrido muchísimos años. Aprendieron.
En cambio, nosotros, que pasamos por la hiperinflación y actualmente se diluye el valor de nuestros salarios, no rechazamos, como lo demuestran las encuestas serias, a los responsables de las políticas inflacionarias. Tampoco lo hicimos, allá lejos y hace tiempo, cuando Perón, presidente de la República, reconocía que los precios iban por el ascensor y la salarios por la escalera.
Los líderes sindicales se contentan con pedir aumento de salarios pero no se preocupan porque el crecimiento del gasto público sea superior al de los ingresos.
Con respecto a la corrupción, la objetamos todos, sin embargo, Ricardo Jaime, acusado de hechos que evidentemente lo comprometen, estará en las listas peronistas de Córdoba.
En los últimos días asusta el comportamiento de funcionarios políticos que multan a empresas privadas que elaboran estadísticas. Ante un pedido de la justicia suiza que investiga el lavado de dinero, líderes sindicales amenaza parar al país con huelga de transportes e intimidan a la prensa independiente en el intento de tener una justicia a su medida.
Un proyecto de ley procura violar la propiedad privada de los barrios cerrados.
Se hace un culto a los derechos humanos mientras siguen en la cárcel militares y civiles, presos políticos, quienes, curiosamente, parecieran carecer de esos mismos derechos.
Todos estos hechos son de indudable base fascista.
Durante años fuimos antidemocráticos, incluso votamos dictaduras electivas. En 1983, resolvimos regresar a un sistema democrático, votó la mayoría por la paz después de pasar por la lucha de los militares contra el terrorismo e, incluso, por la guerra de Malvinas. No obstante, se violan diariamente los principios democráticos y republicanos.
¿El comportamiento de la sociedad argentina y de sus gobernantes que son su expresión, indica que aquí puede suceder cualquier cosa?
Esa es la pregunta que nos hacemos algunos argentinos.
El tema de la Justicia es un problema central. El buen funcionamiento es vital para cualquier país que pretenda que los derechos individuales que consagra la Constitución sean respetados.
En la Argentina, la libertad y la democracia han disminuido grados. Perdimos en gran medida la coherencia que tienen los países democráticos: no se respetan las obligaciones y derechos que manda la Constitución: no solamente del sufragio vive la democracia, debe conciliarse con el respeto a la división de poderes.
El gobierno, como la oposición, olvida la importancia que tiene la comparación para aprender. Si lo hicieran, no tendrían dudas sobre cual es el sistema de valores en que se basa la riqueza de los países desarrollados.
El liberalismo le gano la guerra al fascismo, al comunismo y al nacional-socialismo. Hoy se habla de democracia en todo el mundo a pesar de los graves problemas que existen.
La naturaleza humana no se puede cambiar pero si el sistema que mejore las relaciones sociales y que brinde beneficios a la gente. No me refiero, precisamente, al socialista o fascista porque donde se intentó aplicarlos fracasaron.
En el mundo, la realidad indica que es muy probable que se imponga la institucionalidad liberal porque aumenta la calidad de vida de la gente salvo que haya una mutación genética y a los hombres les guste vivir en la miseria.

Elena Valero Narváez. (Autora de “El Crepusculo Argentino”Lumiere.2006)
evaleronarvaez@hotmail.com


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