febrero 21, 2006

Contaminación ambiental


La contaminación ambiental es hoy un gravísimo problema de todos y sus consecuencias son visibles en algunas partes y cualquier día se verán en otras.
Su causa es siempre la actividad del hombre; sea ocupando cada vez más espacios o por la actividad industrial necesaria para mantener los actuales niveles de vida, produciendo bienes de consumo y dando trabajo para poder adquirirlos.
Será necesario que estas actividades y sus consecuencia, la ruptura del delicado equilibrio de la naturaleza y la cadena de interacciones entre seres vivos que lo mantienen, sea asumido como el precio a pagar por tales beneficios y no como un inalienable derecho a acceder a esos bienes. Toda actividad industrial, la ocupación de espacios y el permanente desplazamiento de personas y mercaderías generan indefectiblemente modificaciones que rompen el equilibrio.
O se para todo el sistema y se desata una hambruna universal y estallidos sociales en todas partes o seguimos con lo mismo y nos aguantamos las consecuencias.
En Argentina hoy está en la picota la cuestión de las papeleras y lo está porque se lo ha convertido a fuerza de incapacidad en una cuestión política. La UE ha prohibido su actividad y en un par de años se van de Europa y vienen a América, porque Europa y Norteamérica ya han comprado a futuro la producción por varios años. Quieren papel, tendrán papel. El precio lo pagarán todos. Es cierto que contaminan y es cierto que acá se sigue contaminando en todo el país con papeleras y sin ellas.
Hawai se esta derrumbando y sus arrecifes de coral desaparecen por un arbolito Mejicano que alguien mandó de regalo. Nueva Orleáns se hunde, no por el Katrina sino por las termitas que llegaron de Formosa (China) y que es de presumir que por la forzada migración humana de los huracanes ya estén comiendo en Houston o sigan buscando comida hacia el norte.
Hace unos años sorprendió la deforestación del Parque Nacional de Yellowstone, en donde desaparecieron álamos, sauces, pájaros y castores. Después de muy prolijas investigaciones, alguien lo relacionó con la extinción de los lobos, cazados sin piedad por ser “depredadores” en medio de un escándalo de prensa. Ese agudo observador trajo 30 lobos de Canadá y lentamente se comenzó a revertir el problema en la medida que los lobos controlaron la sobrepoblación de Alces que se alimentaban de los sauces y los pequeños álamos, volvieron los castores, las aves y miles de insectos que nadie había registrado su desaparición y que se alimentaban de los restos de los alces muertos. Parece un cuento pero es cierto e ilustrativo del delicado equilibrio de la naturaleza.
La caza o la pesca indiscriminada es criminal, tanto como el tráfico de “mascotas” o plantas exóticas.
Se suele poner el acento en la contaminación industrial de la mano de ONG, que en algunos casos son organizaciones políticas mercenarias al servicio de ideologías o intereses comerciales competidores. La realidad día a día demuestra que lo grave es todo aquello que altere el equilibrio, sea la basura, los efluentes, los gases, el reemplazo de la vegetación autóctona por otra comercialmente más rentable, la modificación del curso de los ríos, las represas etc. Está bien a la vista como las pirámides, la delirante y faraónica represa de Assuan, emprendimiento político, propagandístico y fabuloso negocio ruso, cuyas consecuencias está pagando y pagará aún más caro Egipto, sin que se haya levantado una voz “ambientalista” en contra. En política como en economía para que uno gane debe haber otro que pierda, ya está bastante mal el mundo para seguirlo dejando en manos de estos especialistas del desorden.

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